19 mayo, 2015 Actualidad, Comercio Exterior, Internacionalización Jesus Albizu

El TTIP (TransAtlantic Trade and Investment Parternship) está siendo negociado desde el año 2013 entre la Unión Europea y Estados Unidos en condiciones que podríamos considerar de gran hermetismo y, en consecuencia, de poca publicidad sobre los avances.

Supone el impulso de unas negociaciones del mega- acuerdo interregional

Por razones políticas relacionadas con la necesidad de contrarrestar el peso creciente de las economías denominadas “emergentes”, no sólo en el ámbito del comercio mundial, sino también en la competición por la influencia política y el poder mundial.

El peso geopolítico es muy importante, como forma de reacción ante el declive relativo de ambos gigantes económicos

Si se considera que la suma de la Unión Europea y Estados Unidos supone el 30% del movimiento mundial de mercancías y el 40% de servicios, y que si lo hablamos en términos de inversiones extranjeras la suma de ambos supone más del 57% de las FDI de entrada y el 71% de las colocaciones de FDI en el exterior, podemos concluir la gran importancia y el impacto que la aparición de este nuevo mega-acuerdo puede suponer.

En líneas generales, podemos decir que la negociación no se centra en el ámbito de las barreras arancelarias, que de hecho son ya reducidas, sino en las barreras no arancelarias (NTBs), cuyo impacto se entiende que es de cuatro a cinco veces superior. De hecho, se estima que en el caso de conseguir que las barreras no arancelarias pudieran reducirse en un 50% esto podría suponer un aumento del PIB europeo del 0,7% y del 0,5% en el caso del americano

Conseguir el acuerdo entre las dos partes no es sencillo, las diferencias son muy importantes y las posiciones relativas, pese a la buena aparente relación, presentan dificultades serias e incomprensiones, no sólo en temas económicos y medioambientales, sino en temas muy sensibles de seguridad nacional, derechos humanos, presupuestos de defensa y otros temas con frecuencia espinosos y de difícil resolución.

Existe, sin duda, una profunda ausencia de armonización en cuanto la legislación económica de las instituciones de ambos lados del Atlántico, no sólo por la diferencia entre los modelos económicos sino también por las diferencias entre los valores y las preferencias ciudadanas.

Desde una perspectiva ciudadana, europea y española

¿debemos estar a favor del TTIP?

¿Debemos estar en contra?

¿Podemos permanecer al margen sin definir una postura clara?

Más allá de lo que supone la falta de información y de debate público, existen una serie de elementos a considerar de enorme importancia, como son fundamentalmente los ámbitos inherentes a todo acuerdo de Libre Comercio sobre la creación y el desvío de comercio. No olvidemos que estamos hablando de dos bloques económicos pero que, especialmente, el del europeo es un puzzle heterodoxo y asimétrico, por lo que más allá de los efectos positivos a nivel global pueden aparecer fuertes pérdidas de comercio en el interior del bloque económico europeo, por lo que puede ser el desvío de comercio en el interior de la propia Unión Europea

Sin entrar aquí a fondo creo que un análisis serio de los impactos de las exportaciones españolas respecto a sus socios europeos, especialmente respecto a Alemania y Gran Bretaña merecerían análisis mucho más detallado. La afectación a nivel de integración económica interna dentro de la Unión Europea podría ser considerable

¿dónde están los análisis técnicos correspondientes?

¿ Y el debate serio al respecto?

Para fijar posturas y disponer de opiniones necesitamos de más información.