9 febrero, 2016 Actualidad, Inteligencia Competitiva, Mercados Exteriores Begoña Albizu Soriano

Todo hace pensar que Cameron está pidiendo ayuda a sus homónimos europeos para no tener que convocar el referéndum, pero los acontecimientos en Reino Unido evolucionan en otra dirección.

¿Debemos empezar a calcular cómo nos puede afectar?

El escaso fervor europeísta de muchos dirigentes británicos no es ninguna novedad, tanto por su propia singularidad y exigencia de particularidades en la búsqueda permanente de cláusulas de excepción opt-out a las políticas comunitarias, como su logro en la excepción en el método del cálculo de la correspondiente contribución financiera a la Unión -el famoso cheque británico-, constante oposición a los avances, o la no ratificación del pacto fiscal europeo, y por supuesto ni estar en la zona euro ni formar parte de los acuerdos de Schengen. Los distintos gobiernos británicos han ido dando una de cal y otra de arena, aunque sin deseo de lograr un éxito de integración, navegando siempre entre dos aguas.

En el año 2015 el Primer Ministro se comprometió a organizar para antes de finales de 2017 un referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea. El pasado mes de diciembre planteó una renegociación de las condiciones de adhesión de su país a la Unión, indicando  que,  en caso contrario,  recomendarías a sus conciudadanos que se pronunciaran a favor del BREXIT, esto es la salida del Reino Unido de  la Unión Europea, y  para ello planteaba sus exigencias en 4 áreas:

  1. Gobernanza Económica
    La defensa de los intereses de la city, aceptación de la libra (que el euro no sea la única moneda de la Unión Europea) y no sufrir discriminación por no utilizar el euro.
  2. Competitividad
    Desregular el funcionamiento del mercado interior y el derecho laboral.
  3. Soberanía
    Suprimir en los tratados toda referencia al objetivo de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos, y otorgar a los parlamentos nacionales el derecho a bloquear cualquier propuesta de acto legislativo comunitario que les pareciera indeseable, aplicando estrictamente el principio de subsidiariedad:
  4. Europa cuando sea necesario, lo nacional cuando sea posible.
  5. InmigraciónObligación de que los trabajadores procedentes de los demás países de la Unión Europea justifiquen cuatro años de residencia y de cotizaciones en el Reino Unido antes de poder gozar del mismo tratamiento que sus colegas británicos en materia de prestaciones vinculadas al empleo o a la obtención de una vivienda social.

Lo  último entra de lleno en contra de una de los cuatro principios y libertades fundamentales de la Unión Europea: la libre circulación de personas, además de los iniciados impedimentos a la libre circulación de los refugiados, un problema de gran calado.

En la reunión de diciembre no se llegó a una respuesta y todas las decisiones se han pospuesto para los días 18 y 19 de febrero en una próxima reunión del Consejo Europeo. Si las propuestas reciben el respaldo de los jefes de Estado en esta cumbre, llevaría a una convocatoria para  finales de junio y al día 23 como fecha probable para la realización del citado referéndum. En caso contrario se pospondría hasta septiembre.

Los gobiernos de la Unión Europea no desean el Brexit, y tanto Alemania como Países Nórdicos  y buena parte de  Europa Central estarían incluso dispuestos a hacer grandes concesiones para mantener el rumbo neoliberal en el que Londres confiere un importante peso. Por otro lado,  sorprende la inconsciencia del debate británico sobre los efectos convulsivos que dicha decisión pueda tener para su economía, y por referencia, sus efectos en la europea.

La situación tiene incógnitas e intereses varios,  el actual gobierno de Reino Unido tiene claros intereses políticos,  los miembros de la Unión Europea -al menos los citados- también, pero en cuanto a nosotros y sobre todo  a nuestras empresas… ¿hemos evaluado como nos puede afectar el BREXIT?