17 noviembre, 2014 Actualidad, Internacionalización, Mercados Exteriores Jesús ALbizu

Decir que la internacionalización ha venido a romper muchos paradigmas y viejos clichés es, por pura repetición, una frase gastada. Pero, sin embargo, es una frase bien cierta y, curiosamente, no siempre somos conscientes de las implicaciones que ella tiene. Uno de los temas curiosos que podemos observar es la enorme dificultad que tienen las instituciones públicas de los países (y también de las regiones) de acomodar determinadas políticas públicas a las necesidades nacientes derivadas de la globalización de las economías.

La internacionalización supone

  • Nuevas caras
  • Nuevos agentes
  • Nuevos implicados (Stakeholders)

La razones las tenemos bien cerca;

  • El crecimiento se está produciendo en países de gran dimensión
  • Con claves de funcionamiento muy diferentes a las tradicionales
  • Típicas de los países avanzados clásicos
  • Con una mayor intervención del Estado en sus planteamientos empresariales
  • Con unas diferencias culturales más elevadas
  • Con una protección desigual en áreas de propiedad intelectual y de patentes,

……lo que supone a su vez unas implantaciones de empresa más complejas y con mayor riesgo.

Y todo ello, sin olvidar las cada vez más frecuentes interacciones debidas a las cadenas de valor. Tampoco es un hecho menor la aparición de multinacionales en estos países con una estrategia de funcionamiento internacional muy diferente a la actuación tradicional a la que estábamos acostumbrados. Un ejemplo como el de la adquisición por parte de la empresa india Tata de la empresa inglesa Land Rover es un buen ejemplo.

Con todo ello, seguir razonando en términos de actuación exterior a través de acciones clásicas en promoción de exportación (ferias, misiones, agendas de contacto, etc.) puede ser una visión corta y escasa de lo que es necesario hacer.

Hay que repensar los roles públicos ante los nuevos hechos y los nuevos tiempos. El campo de acción de colaboración entre lo público y lo privado debe ser reforzado. Y no tiene porque ser gratuito pero sí tiene que ser efectivo y de calidad. Nuevos tiempos. Nuevos actores

No puede confundirse la Diplomacia Comercial con la Diplomacia Económica. Esta última tiene que ver con las políticas generales económicas y con los acuerdos comerciales y de Libre Comercio. Por el contrario, la diplomacia comercial es la forma que adopta el papel activo del Estado o de las entidades públicas en la internacionalización, promoviendo:

  • La internacionalización
  • La captación de inversiones
  • La estrategia de marca país
  • El apoyo a la actividad empresarial en esos nuevos actores y territorios
  • Y ello, además con una política activa

Tradicionalmente se indica que las funciones a cumplir en el ámbito de la diplomacia comercial son la recopilación de información, el lobby económico, la intercesión para la negociación (advocacy), la representación de intereses y la actuación en la resolución de conflictos.

Todo ello supone una implicación muy directa en intereses empresariales privados y debe ser considerado como la alianza de intereses entre lo público y lo privado con el objetivo de mejorar la competitividad país a través de sus empresas

Quizás el papel más importante de esta diplomacia comercial está en la obtención de información, la inteligencia económica y de negocios del país destino, aprovechando al máximo los canales públicos y de cercanía que la posición diplomática permite. Función importante pero no única. Si quisiéramos destacar algunas de las áreas que deben ser planteadas en los roles a cumplir podríamos destacar como mínimo los siguientes:

  • Inteligencia competitiva
  • Reglas y barreras a la importación
  • Regulaciones sobre la exportación
  • Establecimiento de negocios y de establecimientos
  • Ferias internacionales
  • Resolución de conflictos y arbitraje
  • Intervención en actos
  • Contratos de importancia.

Todo ello obliga a un cambio de estrategia pero también del perfil de las personas que cumplen esta función que deben ser conocedoras de la vida empresarial y cuyo perfil se aleja de la misión diplomática tradicional más típica de la diplomacia política y o de la económica.